
Leyendo el libro "Historia de José C. Paz", escrito por el Prof. Héctor Mario Segura, encontramos:
"José C. Paz, el nuevo nombre
"En julio de 1912, muere José C. Paz. Este hecho ocurrido en Europa, poco tenía que ver con la formación y el desarrollo que estaba tomando el pueblo, por entonces conocido como "Arroyo Pinazo".
Sin embargo, José C. Paz un reconocido político argentino, fundador del periódico "La Prensa", era amigo personal de José Altube. De acuerdo a testimonios de la tradición oral de la familia Altube, José C. Paz y José Altube se habrían conocido en una circunstancia muy especial para el país. Fue en el año 1874, cuando el mitrismo se levantaba contra el gobierno electo de Nicolás Avellaneda, que se produjo el encuentro. José C. Paz, que en el transcurso de aquellos acontecimientos, había "dejado la pluma por el sable", acudiendo al llamado de Mitre; obtuvo la ayuda de José Altube, quien por entonces se dedicaba al transporte carretero. A partir de ese momento, la amistad entre ambos se mantuvo hasta que Paz muriera en Europa. Antes de que ello ocurriera, José Altube se desempeñó como corresponsal local de "La Prensa".
No fue extraño entonces, que ante la muerte de José C. Paz, en Arroyo Pinazo, se formara una comisión. La misma, integrada por José Garmendia, Fernando Raho, José Vicente Altube, Félix Iglesias, Enrique Vilella, y Ramón Alarcón entre otros, tenía como fin, homenajear al fundador de La Prensa y amigo de José Altube.
Pronto se decidió solicitar el cambio de nombre de la estación Arroyo Pinazo. Las gestiones alcanzaron un éxito inmediato, y el 5 de mayo de 1913, el ministro de obras públicas otorgaba el nombre de José C. Paz a la estación. El 13 de julio, con una importante presencia popular, y de delegaciones institucionales de las diferentes villas que integraban el pueblo, se realizó la ceremonia oficial del cambio de nombre".
Inmediatamente surge la pregunta: ¿en qué habrá consistido esa ceremonia?.
Leyendo el diario "La Prensa" del día 14 de julio de 1913, encontramos amplia información sobre el acontecimiento, detallando paso a paso todo lo sucedido.
La nota está precedida por el siguiente titular:
Y a continuación narra:
"Para los vecinos del pueblo que fue Arroyo Pinazo, marca el día de ayer un gran acontecimiento, provocado por ellos mismos con espontaneidad y entusiasmo.
Efectivamente desde la salida del sol, que fue saludada con disparos de bombas, hasta el anochecer, no decayó un momento la animación, que fue extraordinaria en las horas siguientes a las 11 de la mañana.
Todos los vecinos colocaron banderas en los frentes de sus casas, y por su parte, la comisión de festejos hizo adornar con banderas, arcos y gallardetes las principales calles de la población, que, contemplada a vuelo de pájaro, ofrecía un hermosísimo aspecto...
A las 8 de la mañana, una banda de música recorrió las calles del pueblo ejecutando dianas y marchas, numero del programa que movió a numerosos vecinos a salir de sus casas".
Después de este comenzar festivo, a las 8,30 se jugó un partido de football, organizado por el Club Atlético José C. Paz, entre el equipo del citado Club y otro de la Capital, venciendo el equipo local. Finalizado el partido, todos los jugadores fueron agasajados con un "asado a la criolla" en el local de la sociedad de Fomento de Villa Altube.
"Conformaron el bando vencedor, los jóvenes: A. Fragalo, A. Herrera, A. Luexes, B. Benavidez, J. Arballo, A. Domenech, P. Scala, A. Barbé, J. E. Manfredi, A. Valerga y A. Blanco. Como linesman, actuaron R. Altimpergher y C. Fernández y como juez Rafael Méndez".
La animación observada durante la mañana, creció notablemente después del mediodía: "Los vecinos de la floreciente población y de los pueblos próximos fueron reuniéndose, poco a poco, en la estación del ferrocarril al Pacifico, que ostentaba banderas inglesas y argentinas y que había adornada con gallardetes y plantas. Y una banda de música ejecutaba diversas piezas" .

Mientras tanto en la Estación Retiro, todo estaba dispuesto para transportar en un tren especial a todas las autoridades e invitados para el homenaje. Dice al respecto el diario "La Prensa":
"La partida del tren especial había sido fijada a la 1,15 de la tarde. Antes, desde poco después de las 12,30, los coches del tren estaban totalmente ocupados. Gran parte de la concurrencia se vio obligada a esperar la salida de otro tren, que la empresa del Pacifico, con previsión y rapidez, hizo salir a la 1,20.
Cuando los expresos pasaron el semáforo de distancia, pudo notarse que a través de las calles de la población se acercaban apresuradamente carruajes ocupados por familias, y jinetes que se precipitaban hacia la estación, en cuyos andenes había ya un gentío numerosísimo que se afanaba por observar la llegada del convoy.
Al entrar los trenes en las vías de la estación y empezaron a detenerse, de ambas bandas del pueblo llegaban a oídos de los viajeros, estampidos de bombas, notas cortadas de sonoras dianas musicales, hurrahs y aplausos.
En los trenes venían familiares del Doctor Paz, presididos por el Dr. Ezequiel P. Paz; amigos, entre ellos el ex canciller argentino, Doctor Estanislao S. Zeballos; la Comisión Central de homenaje al Dr. Paz de la Capital; personal del diario "La Prensa"; delegaciones de Capital, Avellaneda, San Isidro, Vicente López, General Sarmiento", y numerosos adherentes al acontecimiento".
En la estación se había levantado un palco, reuniéndose alrededor "toda la concurrencia que llenaba los andenes de la estación". Don José Altube, fue presentando, uno a uno, a los distintos oradores designados por las comisiones de vecinos, organizadoras de los festejos. Los mismos fueron: el Dr. González Paglieri, que habló en nombre de la sociedad de fomento de Villa Altube; el Sr. Luis Ebry, en nombre de las sociedades de Fomento de Villa Iglesias y Villa Germano; el Dr. Estanislao S. Zeballos, agradeciendo el homenaje en nombre de la familia del Dr. José C. Paz, de sus amigos y de los periodistas; cerrando los discursos el niño Orlando Maroglio, alumno de la escuela Nº 5.

Al terminar los discursos, fue quitada la tela que cubría las placas con el nombre de la nueva estación. "En ese instante la banda de música ejecutó una diana, mientras la multitud estalló en atronadores vítores a la memoria del Dr. Paz. Inmediatamente la banda de música del barrio sur entonó el Himno Nacional, que la concurrencia escuchó con religioso respeto".
Concluidos los actos en la estación,
"Se organizó una columna, llevando a su frente la banda de música del pueblo y la del asilo José C. Paz, que se dirigió hacia la avenida a inaugurarse, hermosa calle, que une la estación con la plaza y que había sido profusamente adornada con banderas y gallardetes. Debajo de un artístico arco triunfal, se había colocado la placa con el nombre de José C. Paz, y allí se detuvo la columna para presenciar la ceremonia.
El señor José Altube, descorrió el lienzo que cubría la chapa, declarando bautizada la avenida con el nombre de José C. Paz.

Enseguida la niña Estela Gandulfo, alumna de Villa Angélica (Partido de Avellaneda), declamó una hermosa poesía alusiva al acto".
La concurrencia siguió después hasta el local de la sociedad de fomento de Villa Altube, donde fue obsequiada con un "lunch" y los niños con bombones.
En ese momento hizo uso de la palabra el presidente de la sociedad de fomento, señor Juan Mercadal. Rescatamos de sus palabras:
"Señores representantes de La Prensa que os encontráis aquí presenciando este acto inaugural tan simpático como digno, en nombre de la sociedad que presento y la que, a la vez, representa la voluntad de este pueblo, os presento todo lo que desde hoy se llamará José C. Paz: la estación, en primer lugar, por ser el sitio que inauguramos con el nuevo nombre; Villa Altube, la población más antigua, donde tuvo origen Arroyo Pinazo y cuyo progreso y adelanto, en proporción al tiempo, se debe a su infatigable fundador, don José Altube; Villa Germano, otra población, cuyo fundador es don Serafín Germano, antiguo propietario y vecino de esta localidad, que ha contribuido también en gran parte al progreso del pueblo, y Villa Iglesias, población más reciente, fundada por don Félix Iglesias.
También voy a presentaros algo de lo que componen las poblaciones que he referido: contamos con dos sociedades de fomento, una en Villa Altube y otra en Villa Iglesias; un destacamento de policía, oficina de correos, una Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos; un centro recreativo, denominado Juventud de Artesanos de José C. Paz; un club atlético que lleva también el nombre de José C. Paz.
También le presento estas dos corporaciones formadas de futuros ciudadanos y futuras madres de ciudadanos: las dos escuelas comunes, que al frente de sus activas directoras y demás personal docente, han concurrido también para dar más brillo y realce a la fiesta, formando el hermoso conjunto que contemplamos.
Al mencionar estas escuelas, tratándose de algo que es la base de la prosperidad de los pueblos, debo manifestaros que al verlas aquí reunidas, os demuestran el aumento continuo de esta población, y que fuera nuestro mayor deseo que tuvieran locales más amplios que los que actualmente cuentan, que son muy reducidos para dar cabida a todos los alumnos.
El señor José Altube, al mismo tiempo que donó un terreno para la construcción de la iglesia, donó otro también para escuela, haciéndole también una donación de 100.000 ladrillos y esperamos que la Dirección general de escuelas, accediendo al pedido que oportunamente se le hizo, dará principio a una obra de tanta necesidad como es el de un buen edificio para escuela"
Terminado el discurso del Sr. Mercadal, habló el señor Delfín R. Carballo Araga, en nombre del personal del diario La Prensa.
"El espacioso salón de la Sociedad de Fomento, resultó pequeño para contener siquiera una parte apreciable de la concurrencia, pues esta pasaba de varios miles de personas. Al destaparse el champaña, pronuncio un elocuente brindis, en nombre del vecindario de Avellaneda, el señor Florencio Santolaria, director de "El Comercio", de esa ciudad".
Después de estos actos, las delegaciones y miembros de la familia del Dr. Paz, acompañados, por la Sociedad de Fomento de Villa Iglesias, se trasladaron en carruajes y automoviles, a la parte Norte de la población, donde se había preparado otro "lunch", en el local de dicha sociedad.
En este acto, hablaron el doctor Pedro O. Luro y el señor Félix Iglesias. Finalizado los discursos "los niños de la escuela N º 4, entonaron el Himno Nacional, acompañados con la banda de música de la localidad, y, en seguida, una salva de bombas atronó los aires"
Mientras tanto, en Villa Altube, bajo un galpón improvisado junto a la plaza, "tomó ubicación la banda de música, dando principio a los bailes populares con un selecto programa de piezas. Desde las 4 hasta las 5 de la tarde, una concurrencia numerosa, entre las que se contaban no pocos habitantes de las localidades circunvecinas, se entregó con verdadero entusiasmo a este simpático número del programa".
También se sumo a la fiesta el teniente Raúl Goubat al comando del monoplano "La Paloma", quién había salido del aeródromo militar de El Palomar a las 3,48 de la tarde, acompañado por Jenaro Rongo:
"Una vez sobre la población, Goubat, poco a poco disminuyó la altura mientras realizaba grandes virajes con el propósito de buscar un terreno apropiado para el descenso. Terminado el tercer círculo por los alrededores del pueblo, efectuó lentamente un magistral aterrizaje, en un campo del sur. En pocos minutos, el sitio se vio invadido por un gentío inmenso, que dejaba los demás programas para ver de cerca a "La Paloma". El piloto, 4,35 de la tarde, inició el viaje de regreso.
Hubo en este día, además, carrera de sortijas, nos relata el diario:
"No había dado fin, aún al número de los bailes populares, cuando una bomba de estruendo anunció a los circunstantes el principio de la carrera de sortijas. Al mismo tiempo aparecían sobre un extremo de la cancha unos quince jinetes que ostentaban todos una boina blanca. De un arco de madera construido justamente en la mitad de la pista, pendía sujeta con un lazo azul y blanco, la codiciada sortija.
Se dio la voz de mando y el primero de los caballos inscriptos recorrió la pista con un galope tan hermoso como infructuoso. Una, dos, tres veces más se repitió la prueba sin resultado alguno, hasta que apareció en un extremo de la cancha, el décimo caballo inscripto, un alazán tostado de hermosa planta. Inició un galope tendido y al pasar bajo el arco, el jinete, con un certero movimiento, levantó la mano y ensartó la sortija con toda maestría. La concurrencia aplaudió con entusiasmo esta hazaña típica de nuestras campiñas.
Resultaron vencedores de esta prueba:
Una vez terminada la carrera de sortijas, concluyen los festejos del día, relatados del siguiente modo:
"comenzó el desbande de la concurrencia que en largas caravanas, a pie, a caballo, en coches y toda suerte de vehículos, se dirigió lentamente a la estación, comentando alegremente los episodios de la jornada y el éxito de los festejos populares.
Al partir de la estación los dos trenes expresos que conducían la concurrencia de la capital, las bandas ejecutaron dianas de despedida, mientras el publico reunido en los andenes, prorrumpía en estruendosas ovaciones".
Alberto Julio FERNANDEZ